A menudo nos miramos al espejo y descubrimos una imagen de nosotros mismo que no nos gusta ni lo más mínimo. A mi me lleva pasando eso desde los catorce años. Hasta entonces, ser gorda, nunca había supuesto un problema para mí. Antes de los catorce normalmente no nos preocupamos tanto por nuestro físico, pero al llegar a la adolescencia es cuando nos damos cuenta de que el físico, al ser lo primero que entra por los ojos, es muy importante. Cuando te miras al espejo y ves que estás gordo, o gorda, habiéndote metido en la cabeza durante años que lo bueno, lo bello, es estar delgado, te entra un sentimiento de culpa tremendo. En el momento en que me dije "quiero adelgazar" pensé que no sería complicado. Acudí a un especialista para hacer una dieta saludable. "Lo que tu tienes-me dijo-es un metabolismo muy lento, además de mucha retención de líquidos. No puedes estar delgada, pero te ayudaré a adelgazar todo lo posible y te ensñaré a comer sano." Así fué, al principio... adelgacé, adelgacé muchísimo, pero no hasta el punto que yo quería. Pronto las consultas orientativas desaparecieron, y pronto comencé a ir para que tan solo me dijesen "has perdido x peso, te veo el mes que viene". Me estanqué, y me deprimí, pensando que no podía adelgazar más. Pronto, devido a la mala orientación y la falta de consejos por parte de mi endocrino, volví a engordar. No quería seguir asi, asique acudí a otro especialista, que, al igual que mi anterior endocrino, me dijo que tenia problemas de metabolismo y retención de líquidos. Me enseñó a comer, a contar calorías e ir reduciéndolas en cada ingesta. Poco a poco, la comida se convirtió en mi obsesión. No podía comer sin sentirme culpable. Y aún hoy, con diecinueve años, la comida es mi obsesión. Mi reflejo, que aunque sé que estoy gorda, sigue mostrándome una imagen de mi misma que no es la que ven los demás. Soy consciente de mi sobrepeso, y de que no es excesivo. ¿Gorda? No, más bien rellena. Pero quiero tener un cuerpo perfecto, sea como sea. Quiero saber como soy realmente, cual es la imagen de mi que realmente ven los demás. La comida me ha hecho mucho daño. Es mi mayor enemiga, pues ha destruido mi vida y mi personalidad durante seis años, pero como suele decirse, ha ganado una batalla, no la guerra. Conseguiré mi propósito, sea como sea.